Examen oral

Consejos que de verdad funcionan para afrontar con calma un examen oral.

Con el comienzo del curso universitario llegan las primeras fechas que debes marcar en el calendario: entregas de trabajos, pruebas parciales y, para algunos estudiantes, uno de los formatos de evaluación que más respeto suele generar: el examen oral. 

Tener que responder preguntas delante de un profesor, explicar un tema sin poder esconderse detrás de un papel y saber que los nervios pueden jugarte una mala pasada… convierten este tipo de prueba académica en un reto diferente.

Pero, preparar un examen oral no consiste únicamente en estudiar más y en aprender toda la materia como un lorito que puede repetirla a pies juntillas. También implica aprender a comprender ideas, a expresar lo que sabemos y a entrenar la situación a la que tendremos que enfrentarnos.

¿Por qué nos ponemos tan nerviosos al hablar en público?

Sentir cierta tensión antes de hablar delante de otras personas es una reacción habitual. En estas situaciones aumenta la atención y el organismo se prepara para afrontar algo que percibe como exigente. El problema aparece cuando interpretamos esas sensaciones, como el corazón acelerado, cierto quebranto en la voz o la sensación de quedarse en blanco, como una señal de que no seremos capaces de hacerlo bien.

Por eso, el primer paso es no intentar eliminar por completo los nervios. El objetivo es conseguir que no nos impidan pensar, escuchar y responder, aprendiendo a gestionarlos de forma adecuada en estas situaciones en las que toca ponerse ante los demás.

Un examen oral no se prepara igual que uno escrito

Memorizar apuntes sin entenderlos, palabra por palabra, puede parecer una estrategia segura en estos casos, pero tiene una importante desventaja: si olvidas una frase, puedes perder el hilo completo y quedarte atascado. Además, cualquier pregunta que implique relacionar conceptos también puede noquearte al sacarte del guion aprendido.

Para un examen oral resulta más útil trabajar la capacidad de explicar las ideas. Bueno, esto es algo que, realmente, se necesita siempre para superar una prueba académica, sea una prueba escrita o un examen tipo test, aunque, sin duda, en el caso de los exámenes orales mucho más.

Algunos trucos pueden marcar la diferencia:

    1. Estudia utilizando preguntas. En lugar de limitarte a releer los apuntes, formula posibles preguntas del profesor e intenta responderlas sin consultar el material. Este tipo de recuperación activa ayuda a comprobar qué conocimientos dominas realmente.
    2. Explica los temas en voz alta. Una cosa es reconocer una información al leerla y otra muy distinta ser capaz de desarrollarla con tus propias palabras. Explicar un concepto como si estuvieras enseñándoselo a otra persona permite detectar lagunas y acostumbrarte a expresarte.
    3. Practica con un simulacro. Pide a un compañero, familiar o amigo que haga de profesor y prepare preguntas similares a las que podrían aparecer en la prueba. Si es posible, grábate para comprobar si hablas demasiado rápido, repites palabras o das respuestas excesivamente largas.
    4. Trabaja las ideas principales, no un discurso cerrado. Conviene tener clara la estructura de cada respuesta: idea principal, explicación y ejemplo o conclusión. Así será más fácil adaptarse a la pregunta concreta.

Cuando llega la hora de la verdad

Antes de entrar al examen oral, sigue estos consejos que pueden ayudar a calmar los nervios que, lógicamente, se tienen en esos momentos:

    • Evita intentar aprender en cinco minutos lo que no has aprendido durante semanas. Repasar frenéticamente antes de entrar en el examen puede aumentar la sensación de inseguridad y hacerte creer que no sabes nada cuando no es así. 
    • Procura llegar con tiempo para que tus nervios no empiecen a aflorar por temor a llegar tarde. Una vez localizado el aula, respirar de forma pausada y dedica unos minutos a bajar el ritmo y a intentar serenarte.
    • Durante el examen, escucha la pregunta completa antes de responder. Si necesitas unos segundos para ordenar las ideas, puedes tomártelos. Y si no entiendes exactamente qué te están preguntando, pedir que reformulen la cuestión es mucho mejor que lanzarse a responder algo diferente.

También ayuda recordar que una pausa breve no significa necesariamente que hayas olvidado todo. Puedes utilizarla para organizar mentalmente la respuesta y continuar.

La calma también se entrena

La seguridad durante un examen oral no aparece por arte de magia el día de la prueba. Se construye combinando conocimiento de la materia, práctica del examen y exposición progresiva a la situación que genera nervios.

Por eso, ahora que empieza el curso, puede ser un buen momento para cambiar la estrategia: no esperar al día anterior para enfrentarse por primera vez a una respuesta oral. Practicar desde el principio permite llegar al examen con más soltura y con algo mucho más útil que un tema perfectamente memorizado: la capacidad de explicar lo que sabes incluso cuando los nervios llaman a la puerta.