percepción del dolor

¿Sabías que el deporte cambia la percepción del dolor y la fatiga?

El deporte no solo fortalece músculos, huesos y sistema cardiovascular. También cambia la percepción del dolor y la fatiga.

Nuestro cuerpo y mente tienen la capacidad de adaptase y modular las señales de malestar. Por eso los atletas pueden mantener rendimientos tan elevados a pesar del cansancio interno.

 

El dolor y la fatiga: dos señales muy importantes

El dolor y la fatiga son mecanismos de alerta: el dolor indica que un tejido está sometido a estrés o a una potencial lesión y la fatiga, que los recursos energéticos se están agotando.

Sin embargo, durante el ejercicio, el cerebro puede reinterpretar estas señales gracias a la acción de neurotransmisores, hormonas y cambios fisiológicos específicos.

Durante un entrenamiento intenso ocurren varias cosas:

  • Se liberan endorfinas, que actúan como analgésicos naturales y reducen la sensación de dolor.
  • La dopamina influye en la motivación y la percepción del esfuerzo. Lo que consigue es que el ejercicio se perciba menos intenso de lo que objetivamente está siendo.
  • La adrenalina permite que el cuerpo mantenga la actividad física incluso en situaciones en las que normalmente experimentaríamos incomodidad o cansancio precoz.

 

Adaptaciones fisiológicas que reducen la percepción del dolor y la fatiga

Cuando entrenamos regularmente se producen adaptaciones en nuestro cuerpo que retrasan la aparición de fatiga y minimizan el dolor muscular. ¿Y qué adaptaciones son estas?

  • Mayor eficiencia metabólica: los músculos aprenden a utilizar oxígeno y glucógeno de manera más eficiente. Esto retrasa la acumulación de ácido láctico.
  • Fortalecimiento del tejido conectivo y muscular: los tendones, los ligamentos y las fibras musculares se adaptan al estrés, reduciendo así las lesiones y el dolor.
  • Regulación del sistema nervioso central: nuestro SNC se vuelve más tolerante al esfuerzo prolongado y modula la señal de fatiga que llega al cerebro.

Gracias a estas adaptaciones del cuerpo, los atletas entrenados pueden soportar sesiones más intensas y recuperarse más rápido que quienes están empezando a practicar deporte.

 

La mente también se entrena

La percepción de dolor y la fatiga no es un asunto solo del cuerpo, el cerebro también tiene un papel muy importante. Estrategias como la visualización, el enfoque en objetivos y la respiración controlada pueden reducir la sensación de esfuerzo.

Existen estudios realizados en corredores y ciclistas que muestran que, quienes entrenan técnicas de concentración y control mental, indican menor fatiga percibida durante pruebas exigentes.

¿Y por qué sucede esto? Porque nuestro cerebro aprende a priorizar las señales importantes y filtra los estímulos que no suponen un riesgo real, manteniendo la motivación y la capacidad de rendimiento, apartando la fatiga y el cansancio.

 

Factores que pueden limitar estas adaptaciones

Aunque el cuerpo es sorprendentemente plástico, no es ilimitado. Entrenar en exceso, no descansar correctamente, alimentarse mal o mantener un estrés prolongado pueden anular las adaptaciones. 

Esto nos lleva entonces a aumentar la percepción de dolor y  fatiga, elevando el riesgo de lesión. Por eso, incluso los atletas más experimentados, planifican periodos de recuperación y controlan la carga de entrenamiento de manera rigurosa.

 

¡Es hora de ponerse en marcha!

Ahora que ya entiendes cómo el deporte cambia la percepción, puedes ponerlo en práctica:

  • Escucha a tu cuerpo, pero interpreta bien las señales: no todo dolor indica lesión, pero tampoco debe ignorarse. Una regla práctica: el dolor que aumenta progresivamente durante el ejercicio y se mantiene tras 24-48 horas, puede indicar necesidad de descanso o ajuste de carga.
  • Haz un uso estratégico de la mente y la concentración: las técnicas de respiración, la meditación o el enfoque en objetivos concretos ayuda a modular la percepción del esfuerzo.
  • Planifica progresivamente la carga: exponerse de manera gradual a esfuerzos cada vez más intensos permite que tu cuerpo y tu SNC se adapten sin sobrecarga.
  • Haz recuperación activa y descanso: es importante disminuir la tensión muscular y tener un sueño de calidad para consolidar las adaptaciones y reducir la percepción de esfuerzo en los días siguientes.
  • Nútrete e hidrátate adecuadamente: mantener unos niveles adecuados de glucógeno, electrolitos y agua permite que tus músculos trabajen mejor. Esto debe complementarse con una dieta rica en proteínas de calidad y antioxidantes.
  • Varía y estimula tus neuronas: alternar tipos de ejercicios y habilidades diferentes mejora el rendimiento, pero también entrena al cerebro a gestionar distintos tipos de fatiga y aumenta la tolerancia al esfuerzo prolongado.


En resumen, el dolor y la fatiga son señales que el cuerpo y la mente aprenden y aprenden a gestionar. El deporte es la herramienta más potente para entrenar esa capacidad y así reducir la percepción del dolor y la fatiga.